martes, 23 de marzo de 2010

LA PUYA A TRAVES DE LA HISTORIA


La vara como la antigua garrocha, hoy de avellano, era de majagua (árbol de la familia de las malváceas, de madera muy fuerte y correosa, es muy buena para lanzas y jalones. Es muy común en los terrenos anegados de Cuba), solía ser de fresno de vizcaya, de cuatro varas de largo, sin nudos, repelos ni astillas, proporcionando el grueso, o que lo ciña bien la mano del que pique.


Hoy, es la pertiga donde se monta la puya, debe ser de madera de haya o fresno, ligeramente alabeada, debiendo quedar al montarse una de las tres caras que forman la puya hacia arriba, coincidiendo con la parte convexa de la vara y la cruceta en posición horizontal y paralela a la base de la cara indicada. El actual largo de la garrocha, esto es, la vara con la puya ya colocada será reglamentariamente de 2,55 a 2,70 metros. La puya es la porción metálica y punzante con que hiere al toro el picador.


La puyas en la actual tiene forma de pirámide triangular, con aristas y filos rectos, de acero cortante y punzante. Sus dimensiones para corridas de toros son: 29 mm. de largo en cada arista por 19 mm. de ancho en la base de cada triángulo. están provistas en su base de un tope de madera, cubierto de cuerda encolada de 3 mm. de ancho en la parte correspondiente a cada arista, cinco a contar del centro de la base de cada triángulo, 30 mm. de diámetro en su base inferior y 60 mm. de largo, terminada en una cruceta fija de acero de brazos en forma cilíndrica de 50 mm. desde sus extremos a la base del tope y un grosor de 8 mm. En las novilladas se rebaja en 3 mm. la altura de la pirámide.


La historia de los distintos modelos de puya es más compleja porque tras su evolución se oculta una perenne lucha de intereses opuestos, los de los ganaderos y el de los picadores.


La primera descripción sobre la puya data del siglo XVII y se debe al que fuera picador y excelente caballista D. José Daza, autor de una obra didáctica sobre el toreo, en ella puede leerse " las puyas (deben ser) de tres filos vaciados en canal, liadas con un griscal de cáñamo poco torcido, descubierta la punta como dos pulgadas y media, el más o menos crecidas debe proporcionarse, con el rigor que se juzgue a los toros del día, procurando que el tope del cordel no quede muy abultado ni muy afilado la porción de las cuchillas que quede descubiertas".


La "Tauromaquia" del matador de toros sevillano Pepe-Hillo, en su edición de 1.804 nos dice que la medida de la púa o del hierro de la vara de detener es de una cuarta y dos dedos -unos 24,5 cm.- distribuidos en la siguiente forma: seis dedos -unos 10,5 cm.- el acero hasta a tres picos hasta el tope, que es un cordón del mismo hierro que sirve para detener las estopas y que no se corran hacia el palo, para que no se descubra más de un dedo o dos de púa o del acero afilado a tres cantos, el cual tiene medio dedo -1,75 cm.- o poco más de grueso y los restantes siete dedos -12,25 cm.- son la medida del cañón o cilindro dentro del cual estará el palo de la vara.


No obstante los primero picadores empezaban ya a introducir diferencias en la forma del tope a fin de lograr mayor quebranto en el toro y menos riesgo personal. El encordelamiento de la puya daba al tope forma de limón, que con el paso del tiempo fue adelgazándose hasta convertirse casi en un cilindro. Esta situación motivó a mediados del siglo XIX que el entonces Corregidor de Madrid y afamado ganadero D. Pedro Alcántara Colón, Duque de Veragua, tomara cartas en el asunto e impusiera el modelo de puya llamado "naranja" por la forma del encordado; abuso este de signo contrario porque dejaba casi indefensos a los picadores ya que el invento se reveló ineficaz para picar bien si no se hacía verticalmente, pues se topaba antes con el encordado que con la púa.


Esta objeción hizo que en 1,869, el Gobernador de Madrid restablezca la de "limoncillo" que se mantuvo vigente en la época gloriosa de Lagartijo y Frascuelo. Sin embargo otra adulteración - esta vez no sobre el tope, sino sobre la púa- vino a poner de nuevo en tela de juicio esta puya. Se ordenaba que fuera de tres cantos sacados a lima y no vaciados, y esto hacían pero con una lima tan finísima y con remate de pulimento a esmeril que convertían sus filos en cortantes navajas barberas, lo que burlaba uno de los acuerdos alcanzados entre el piquero Francisco Calderón, en representación de sus compañeros, y el citado Gobernador Civil, señor Moreno Benitez.


El Reglamento Madrileño de 1.880, que puede considerarse el antecedente más directo del primer Reglamento Nacional. fechado en 1.930, aprobado por el Conde de Herida Espinosa, Gobernador Civil de la Villa, habla por vez primera de tamaños distintos de puya según la época de la temporada. En los meses de Abril, Mayo y Octubre, tendrán una longitud de 21 mm. por 15 mm. de anchura en su base, y en Junio, Julio, Agosto y Septiembre, de 23 por 16 mm. respectivamente. Por lo que compete ala puya propiamente dicha, seguirá teniendo forma triangular, afilada a lima, no vaciada, con sus cortes en forma de elipse y el tope de limoncillo. Como de nuevo, el limoncillo fue adelgazando hasta extremos alarmantes de ineficacia, la recién creada Unión General de Criadores de Toros de Lidia lograron imponer un nuevo tipo de tope para la puya, que mandó definitivamente al pasado al de limoncillo, para sustituirlo por uno plano y un encordado como el actual, que sería sellado por la autoridad competente antes de su utilización para evitar fraudes y triquiñuelas.


Pronto se comprendió la inutilidad de la innovación, pues el nuevo modelo de tope permitía entrar en el toro hasta el mismo palo. Tras un largo capítulo de discursiones el "Reglamento de las corridas de toros, novillos y becerros", de 1.917 legaliza un nuevo modelo de puya que, conforme a su articulado, habría de ser cortante y punzante, afiladas en piedra de agua y no atornilladas al casquillo, sino en espigón remachado. Al final del acordelado, que tendrá un largo de 6 cm., se fijará una arandela circular de 6 cm. de diámetro y 3 mm. de grueso. Los filos han de ser rectos y las dimensiones tanto del tope como de la puya serán en los meses de Abril a Septiembre, 29 mm. de largo por 20 de base, 7 mm. de tope en los ángulos o 9 en el punto central de la base de cada triángulo; en los meses de Octubre a Mayo. 23 de largo por 17 de ancho y las mismas dimensiones mencionadas en el tope. En las corridas de novillos se rebajarán 3 mm. de largo a las dimensiones determinadas en las puyas de las corridas de toros. Según la época, no variando el tope y arandelas de las mismas. Esta puya de arandela -que se revelaría más parche que solución- es la que prevalece hasta la llegada del Reglamento de 1.962, donde toma carta de naturaleza la actual cruceta.


la puya de cruceta tiene su antecedente en la que propusiera allá a primeros del siglo XX, el popular crítico y escritor taurino D. Antonio Fernández Heredia "Hache, cuya cruceta era giratoria, situada antes del encordado, y no detrás de este como se fija en la actual. Las diferencias entre la puya de hoy, que data del reglamento de 1.992, a la establecida 30 años antes afectan únicamente a las dimensiones de algunas de sus partes. Así para llegar a las de hoy, se rebaja a a de 1.962, un centímetro en el ancho de la base de cara triangular, 2 mm. en el ancho del tope en la parte correspondiente a cada arista, y otros dos a contar desde el centro de la base da cada triángulo, se le quitan 6 mm. al diámetro del tope y 15 mm. de longitud. La longitud de la cruceta queda rebajada en 4 mm.


Los primeros picadores ejecutaban la suerte de variada manera, pues los encuentros con el toro eran cortos y continuados, y entre ellos se producían recortes, quiebros y capeas. a partir de finales del siglo XI, se incremente el toreo de muleta, y ello exige que la vara castigue más para ahormar y aplomar al toro lo suficiente para realizar ese nuevo toreo. Ya en 1.928 cuando se adopta definitivamente el peto, el picador empieza a relajarse en la aplicación ya que apenas corre riesgo en su trabajo, y de ahí como pevehian muchos aficionados de aquellos años devino el abandono de esa suerte fundamental que, para nuestra desgracia apenas se realiza con pureza.

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